Entre herramientas y rines: la historia de Graciela, técnica en bicicletas en el Edoméx

Chapultepec, Estado de México, 7 de marzo de 2026.— En un taller del municipio de Chapultepec, entre llantas, herramientas y cuadros metálicos, Graciela Olivares Domínguez ha construido una historia poco común dentro del mundo de la mecánica. Durante más de tres décadas se ha dedicado a la restauración y reparación de bicicletas, un oficio que aprendió de manera gradual y que hoy define como su verdadera vocación.

Aunque en sus inicios no imaginaba dedicarse a esta actividad, el tiempo la llevó a convertirse en una de las pocas mujeres que trabajan como técnica en bicicletas en la región, un oficio que ha marcado su vida personal y familiar.

Un oficio que comenzó por sus hijos

La historia de Graciela con las bicicletas inició cuando sus hijos comenzaron a practicar ciclismo bajo la guía del profesor Arturo, quien impartía clases en la zona.

Mientras acompañaba a los niños a sus entrenamientos, observaba cómo se realizaban los servicios mecánicos y las reparaciones, lo que despertó su curiosidad por aprender.

Con el paso del tiempo empezó a familiarizarse con las herramientas, las piezas y el funcionamiento de las bicicletas, hasta dominar las tareas de mantenimiento.

Empecé viendo cómo hacían los servicios y las reparaciones. Poco a poco fui aprendiendo y así me fui involucrando”, relató.

Con los años, aquella curiosidad se convirtió en una experiencia de más de 30 años dedicada al oficio.

La satisfacción de devolverle vida a una bicicleta

Entre todas las tareas del taller, desarmar y volver a armar una bicicleta es lo que más disfruta.

Para Graciela, el trabajo exige precisión, paciencia y conocimiento técnico, sobre todo en piezas delicadas como los rines.

Me gusta armar los rines y dejarlos bien ajustados. Cuando vienen muy apretados no ruedan bien. Hay que dejarlos listos para que la bicicleta funcione correctamente”, explicó.

Otra de las satisfacciones más grandes llega cuando los clientes regresan con nuevas bicicletas para reparar, después de haber quedado conformes con su trabajo.

“Cuando regresan y me dicen que traen otra bicicleta porque les gustó cómo quedó la anterior, eso es lo que más satisfacción me da”, comentó.

Un oficio dominado por hombres

A lo largo de su trayectoria, Graciela también ha enfrentado sorpresa y dudas por parte de algunos clientes que no esperan encontrar a una mujer detrás del banco de herramientas.

En varias ocasiones, quienes llegan al taller preguntan por el “jefe” o el encargado de las reparaciones.

“Luego me dicen: ‘¿Usted lo va a hacer?’. Y sí, yo lo hago. Muchos no creen que una mujer pueda componer bicicletas”, abundó.

Pese a esas reacciones, el conocimiento técnico suele disipar las dudas cuando explica el problema de la bicicleta y demuestra la solución.

Una familia que respalda su trabajo

Graciela es madre de dos hijos, quienes ya formaron sus propios caminos laborales. Su hija se dedica al cuidado de sus hijos y su hijo trabaja en una cremería.

Durante años, el trabajo en el taller aportó ingresos para sostener a la familia, junto con el apoyo de su esposo, quien actualmente se encuentra pensionado.

En su entorno familiar, ninguna otra mujer se ha dedicado a este oficio.

“No soy mecánica, soy técnica en bicicletas”

Aunque muchos la llaman mecánica, Graciela prefiere definirse de otra manera.

Yo no soy mecánica de bicicletas, soy técnica en bicicletas”, dijo con convicción.

Para ella, el término refleja el conocimiento y la especialización que ha adquirido con el paso del tiempo, después de décadas de experiencia en el mantenimiento y reparación de estos vehículos.

Un mensaje para otras mujeres

Desde su taller en Chapultepec, Graciela envía un mensaje directo a las mujeres y a las nuevas generaciones.

Considera que no existen límites para dedicarse a un oficio, siempre que haya interés y constancia.

Todo lo que uno quiera hacer se puede lograr. Con atención, con ganas y con esfuerzo sí se puede”, concluyó.

Después de más de 30 años entre bicicletas, herramientas y piezas metálicas, Graciela Olivares mantiene la misma convicción que la llevó a aprender este oficio: la capacidad de demostrar que el talento no depende del género, sino del trabajo y la dedicación.

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