Axel Noé, el joven que mantiene viva la fabricación de Judas en Toluca

Toluca, Estado de México — En el Barrio de la Trinidad, en San Cristóbal Huichochitlán, la pólvora, el papel y el cartón toman forma en manos de Axel Noé, un joven artesano de apenas 20 años que ha hecho de la pirotecnia su oficio y de la tradición de los Judas, su causa. A través de su taller “El Peludo”, Axel busca rescatar una costumbre que, poco a poco, ha dejado de celebrarse: la quema de Judas durante el Sábado de Gloria.

Judas, símbolo de traición y catarsis

El origen de los Judas está relacionado con el castigo simbólico a Judas Iscariote, figura bíblica asociada a la traición. En esta comunidad, los muñecos representan más que un acto religioso; se convierten en catarsis colectiva, donde los vecinos purgan agravios personales o sociales.

“Muchas personas lo encargan para representar a quien los ha traicionado, puede ser un familiar o alguien cercano”, cuenta Axel. Las figuras se diseñan como diablos o personajes conocidos y, en muchos casos, con efectos de luces, sonidos y explosiones que intensifican el ritual.

Una vocación temprana y autodidacta

Aunque su familia no se ha dedicado a la pirotecnia, Axel comenzó a interesarse en este arte desde los ocho años. Su fascinación nació al ver los toritos y castillos en fiestas patronales. Con el tiempo, se acercó a maestros locales y aprendió de forma autodidacta.

“Desde niño supe que quería dedicarme a esto. Lo que hago ahora lo aprendí observando y preguntando. Hoy diseño mis propios efectos, fórmulas y modelos”, afirma con orgullo.

Del diseño al estallido: el proceso artesanal

La fabricación de un Judas comienza en una libreta, con un boceto que luego se convierte en estructura gracias al uso de carrizo y cartón. Después viene el moldeado con papel, el secado y finalmente, la integración de luces, pirotecnia y adornos.

La duración del proceso varía. Mientras que una figura pequeña puede tardar 20 minutos en armarse, los modelos grandes, de hasta dos metros, requieren de tres a cuatro días de trabajo.

Entre la creatividad y el riesgo económico

Los precios de los Judas dependen de su tamaño y nivel de detalle. Hay opciones pequeñas que van de los 50 a los 90 pesos, y otras más elaboradas, que alcanzan entre 3,000 y 5,000 pesos.

No obstante, el interés por estas figuras ha disminuido. “Algunos ya no quieren comprar porque les molesta el ruido, o por miedo a que algo explote. Otros simplemente dejaron de ver la tradición como algo importante”, explica Axel.

Diseños únicos según el gusto del cliente

En “El Peludo”, cada figura es distinta. Axel realiza modelos inspirados en personajes de anime, como Dragon Ball, políticos, villanos famosos o figuras que los clientes asocian con alguna traición. “La gente decide cómo quiere su Judas. Nosotros lo armamos tal cual lo imaginan”, comenta.

Tradición en peligro de extinción

A pesar de los retos, Axel no baja los brazos. Insiste en que el valor de esta práctica va más allá del espectáculo: “Esto no es solo un show. Es una forma de mantener viva una parte de nuestra identidad”.

Por ello, hace un llamado a la comunidad para seguir apoyando esta tradición y evitar que desaparezca. “Lo que queremos es que no se pierda. Que se siga celebrando, que se enseñe a los niños. Desde el Judas más pequeño hasta el más grande, todos tienen un significado”, concluye.

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