
- Tomás Gabriel Crisanto recupera su libertad; juez reconoce violaciones a derechos humanos en su proceso
Almoloya de Juárez, Estado de México, 17 de febrero de 2026. — Después de casi 13 años en prisión, Tomás Gabriel Crisanto, indígena otomí originario de Jiquipilco El Viejo, Temoaya, salió del penal de Santiaguito tras la resolución de una audiencia de amnistía sustentada en violaciones a derechos humanos y al debido proceso.
“La verdad, de momento no lo podía creer. Conforme pasan los minutos empieza uno a asimilar la realidad”, relata en entrevista, todavía con incredulidad en la voz. “Después de tantos años de lucha, te sorprende. A veces piensas que no es cierto”.
Sentenciado el 8 de mayo de 2014 a 43 años y 9 meses de prisión por homicidio calificado, Don Tomás cumplió 12 años, 9 meses y 27 días antes de que el Poder Judicial del Estado de México le concediera la amnistía.
“Sentí como si viniera flotando”
El momento de cruzar la puerta del penal quedó grabado en su memoria.
“Sentí como si viniera flotando. Todo es muy diferente. Incluso el trato cambia; cuando ya vas saliendo, es distinto”, expresa.
Durante su reclusión enfrentó pérdidas familiares, incluida la muerte de su hija. “Perdimos una batalla muy dolorosa con nuestra hija, pero conmigo se ganó”, dice al referirse al esfuerzo de su esposa.
“Un ‘gracias’ no basta. Luchó día y noche hasta lograrlo. Lo que hizo por mí no se puede pagar”.
Su primera intención en libertad es visitar la tumba de su hija. Después, afirma, buscará apoyar a quienes permanecen en prisión. “Éramos 17 en el grupo. Me siento feliz, pero también triste por ellos”.
La fe como sostén en prisión
Dentro del penal encontró refugio en la religión. “Le pedía mucho a Dios que me diera una oportunidad. Orábamos todos los días. Para Dios no hay imposibles”, sostiene.
Hoy, los gestos cotidianos adquieren otro significado. “Comer con la familia se siente diferente. No es lo mismo hacerlo solo. Aquí se disfruta”.
Las irregularidades del proceso
El caso fue impulsado por la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (CODHEM), que presentó un pronunciamiento de amnistía ante el Poder Judicial.
La investigación documentó que Tomás no contó con intérprete ni defensa con conocimiento de su lengua y cultura, pese a autoadscribirse como indígena otomí. Esa omisión representó una barrera lingüística y cultural que afectó su derecho a una defensa adecuada.
La CODHEM también acreditó condiciones de pobreza, rezago educativo y carencias estructurales, así como la ausencia de antecedentes delictivos y una baja probabilidad de reincidencia, según valoración criminológica.
A la fecha, el organismo ha presentado 27 pronunciamientos de amnistía, con 21 libertades concedidas, que representan más de 400 años de prisión perdonados en la entidad.
La voz de la familia
Carmela Flores, esposa de Don Tomás, señaló que el proceso evidenció irregularidades graves, incluida la falta de traductor durante el juicio.
Acompañada por el Centro de Derechos Humanos “Zeferino Ladrillero” y el colectivo “Haz Valer Mi Libertad”, afirmó que la resolución representa justicia tras años de insistencia. También llamó a otras familias a no desistir.
Tras la liberación, la familia buscará reconstruir su vida en Temoaya. Don Tomás planea retomar el comercio de uniformes escolares en su comunidad.
“Intentaré regresar a lo que hacía antes. Si no se puede, buscaré otro trabajo”, explica.
Justicia con enfoque intercultural
La resolución fue emitida por la Sala de Asuntos Indígenas del Poder Judicial del Estado de México, en el marco de la Ley de Amnistía estatal publicada en 2021, que permite revisar casos con vulneraciones al debido proceso.
El caso de Don Tomás coloca nuevamente en el debate público la necesidad de garantizar defensa adecuada, intérpretes y perspectiva intercultural para personas indígenas en el sistema penal.
Mientras camina hacia su nueva etapa, Don Tomás resume su sentir con una frase sencilla:
“Tal vez no merezco tanto apoyo, pero voy a tratar de ayudar en lo que pueda”.
Tras casi 13 años de encierro, la libertad aún parece un sueño, pero ya es una realidad.

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