
Toluca, Estado de México, 14 de junio de 2025.– No hay una sola forma de construir una familia. La historia de Alberto y Diego, una pareja que adoptó legalmente a Ary, una niña de tres años, confirma que el amor y el compromiso importan más que cualquier modelo tradicional. Este Día del Padre, celebran por primera vez con su hija en brazos y la certeza de haber cumplido uno de sus más grandes anhelos: ser papás.
La decisión de adoptar no fue impulsiva. Desde que comenzaron su vida en común en 2019, ambos sabían que formar una familia incluía criar, educar y cuidar. Lo conversaron, lo pensaron a lo largo de los años y cuando se sintieron emocional y profesionalmente preparados, dieron el siguiente paso: acercarse a las autoridades correspondientes.
Más allá del prejuicio: acceso a la adopción sin discriminación
En noviembre de 2023, ingresaron a la lista de espera tras pasar por un proceso riguroso ante la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado de México. Ahí, como ocurre con todas las familias solicitantes, fueron evaluados en su estado físico, emocional y social.
Apenas dos meses después, en enero de este año, recibieron una llamada que les cambió la vida: una menor estaba lista para integrarse a su hogar. Ary, entonces, dejó de ser solo una posibilidad y se convirtió en el presente y futuro de dos padres que habían esperado este momento con paciencia.
El Juzgado Especializado en Procedimientos de Adopción del Poder Judicial mexiquense fue clave en este proceso. Este órgano, dedicado a garantizar el interés superior de la niñez, dictó la sentencia que formalizó la adopción. Así, Alberto y Diego se convirtieron en padres legales de Ary, con los mismos derechos y obligaciones que cualquier otra familia.
Una paternidad legal y legítima
El caso de esta familia es significativo. En un país donde la adopción por parte de parejas del mismo sexo aún enfrenta resistencia social y burocrática en algunas regiones, el proceso vivido por Alberto y Diego demuestra que la legalidad puede avanzar por encima del prejuicio.
“Fue como vivir un pensamiento feliz”, recuerda Diego al hablar del momento en que vio a Ary por primera vez. Esa escena —una niña caminando hacia ellos con una mirada brillante— es, dicen, el recuerdo que marcó el antes y el después de su nueva vida como padres.
Lo que representa el primer Día del Padre
Hoy, cuatro meses después de esa integración formal, la rutina familiar está llena de pequeños retos: desayunos apurados, mochilas listas, cuentos antes de dormir. Pero también de descubrimientos, ternura y complicidad.
Para Alberto y Diego, este primer Día del Padre es más que una celebración. Es una validación emocional y legal, una prueba de que las familias no se definen por su estructura, sino por el vínculo que las une.
Un llamado a confiar en la adopción
Desde su experiencia, animan a otras personas a considerar la adopción como un camino posible, sin importar su orientación sexual. “Hay muchos niños esperando una familia, y muchas personas listas para dar ese paso”, aseguran. Lo esencial, afirman, es acercarse con responsabilidad e informarse bien.
En el Estado de México, el procedimiento de adopción suele tomar de seis a siete meses. No hay atajos. Hay procesos diseñados para asegurar que los niños y niñas se integren a un entorno sano, seguro y estable.
Y en ese entorno, hoy Ary tiene un lugar. Tiene dos padres. Tiene una vida que comienza de nuevo.
Una vida que, dicen ellos, valió la pena esperar.

+ There are no comments
Add yours