Don Agustín, el hombre que dio vida a “El Espía” por generaciones

Marilú Morán

Toluca, Estado de México, 2 de abril de 2026. En las calles de Capultitlán, cada cuaresma tiene un sonido, un color y una figura inconfundible: la de “El Espía” cabalgando entre la gente. Detrás de ese personaje, durante más de tres décadas, estuvo don Agustín Ramírez Trujillo, un hombre que hoy es recordado no solo por su papel, sino por la huella que dejó en su comunidad.

Don Agustín falleció el pasado 29 de marzo a la edad de 96 años, dejando tras de sí una vida profundamente ligada a las tradiciones de su pueblo. Su historia no se puede contar sin hablar de Malco, “El Espía”, el personaje que interpretó por más de 30 años y que se convirtió en parte esencial de la Semana Santa en Capultitlán.

Vestido con su capa y su casco de vivos colores, montado a caballo, don Agustín recorría las calles representando la búsqueda de Jesús de Nazaret. Pero más allá del simbolismo religioso, su presencia significaba emoción, identidad y memoria para generaciones enteras que crecieron viéndolo pasar.

Niños que hoy son adultos aún recuerdan la impresión de verlo aparecer en cuaresma, imponente y misterioso. Para ellos, no era solo una representación, era parte de su infancia, de sus tradiciones, de su comunidad. Quienes lo conocieron lo describen como un hombre sencillo, comprometido y orgulloso de mantener viva una de las expresiones más importantes del pueblo. Su constancia hizo que el personaje trascendiera el tiempo, convirtiéndose en un símbolo colectivo.

El pasado 31 de marzo, familiares, amigos y participantes de los grupos de Semana Santa le rindieron un homenaje lleno de cariño. En redes sociales, las palabras de despedida coincidían en un mismo sentimiento: gratitud y respeto. “Honor a quien honor merece”, escribieron muchos, evocando los recuerdos que dejó en cada aparición.

Su despedida fue como su vida: acompañado. Este miércoles, decenas de personas caminaron junto a él hasta el panteón de Capultitlán. Entre aplausos, música de banda y el estallar de los cohetes, don Agustín recibió el último adiós. También estuvo presente Miguel Morán, quien hoy porta el legado de “El Espía”, recordando que la tradición continúa.

Don Agustín ya no cabalgará por las calles, pero su historia seguirá viva en cada representación, en cada mirada de asombro y en cada memoria que lo nombre. Porque hay vidas que no solo se viven… se convierten en tradición.

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